11.10.2023

Aruarian Dance

Una intrincada conexión me afanó en la mañana y fue la de precisar el origen de una alegría. Al primer acercamiento que recurre mi memoria sucede en la adolescencia, cuando duraba hasta la madrugada en el computador de escritorio intentando leer todas las páginas que había guardado durante la semana, pero que escudriñaba a gusto solamente cuando no tenía que ir al otro día al colegio. En la esquina donde quedaba el mueble, al lado de la ventana por la que entraba en diagonal la luz amarillenta del poste, estaba sentado frente al computador. Teníamos que turnarnos con mis hermanos e incluso a veces con papá que sólo lo utilizaba para jugar al Solitario. Allí leía, los ojos cristalinos y los audífonos puestos, porque aunque fuera de noche y los ruidos hubieran disminuido, a toda hora permanecía el zumbido de un televisor. Me acostumbré a leer con música porque era el único silencio posible. No fue fácil hallarlo, pero lo hallé en el 2011, un año después de su muerte. Seguramente su muerte consiguió que quienes ya lo escuchaban se volcaran estremecidos hacia su discreta figura y la repercusión de ese inabarcable pesar apareciera en algún sitio de mi navegación nocturna, y de ahí no pude jamás salir. Ni el auténtico silencio lo reemplazó, lo preferí y se adhirió profundamente a mí. Ocurrió entonces que ya no podía leer sin él, o por lo menos no de la misma manera, ni siquiera leyendo en mi habitación. Había un silencio en especial, un loop que me mantenía concentrado y que quizás se convertiría en la melodía que más veces oiría en mi vida: aruarian dance. Versiones extendidas empezaron a aparecer y eso probaba que no era el único que estaba loco por prolongarla. Ya no sólo para lograr concentrarme, sino para estar, para sobrellevar la inquietante adolescencia. No tardé en descubrir que esa música también había aparecido en mi niñez, cuando vi Samurai Champloo, un fascinante y anacrónico anime que pasaban a media noche, en donde la banda sonora fue completada con su música. Y supongo que así surgió, que cuando niño aquella música se incrustó y cuando la hallé de nuevo de alguna manera la reconocí, porque era algo que giraba y giraba elevándose, y seguirá girando.






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