9.29.2023

Emmanuel y Luciana II

Emmanuel era delicado, o eso expresaba con sus teatrales movimientos y sus manos largas y delgadas. Luciana era espontánea y su cuerpo y postura sugerían una gran seguridad de sí misma. Una tarde, sentados en una cafetería, Luciana habló de su padre y le contó la manera en la que murió. Primero le confesó que eran muy pocas personas las que sabían, y que por su boca sólo había salido un par de veces aquella historia. Emmanuel escuchó atento y en los intervalos que tuvo la narración de Luciana por las interrupciones en su forma de hablar, Emmanuel se pasaba una de sus manos por la cara y soltaba una locución de sorpresa o intriga alentando a Luciana a seguir hablando. Los detalles de una muerte truculenta extendieron la afinidad entre los dos. Aunque para él la historia de Luciana se adhirió más allá de la intimidad y la confianza. Soñó con aquel hombre. Días después ella le enseñó varias fotografías de su padre y Emmanuel consiguió contener la cara y la voz asombrada al ver que era tal como había aparecido en sus sueños.

Luciana y Emmanuel de nuevo aparecen de una manera singular. Los meses compartidos han configurado una novedosa percepción de ellos encima del planeta, o por lo menos, encima de las calles que habitualmente recorren. Ella mantiene su ligereza y él aún no se cura de su circunspección. Una cara apoyada en la otra, la de Emmanuel larga y serena, la de Luciana ancha y despierta, las dos con el mismo infinito gesto de cosquilleo. Se despiden sin muchas consideraciones y el reencuentro sucede sin que ninguno tome un protagonismo excesivo. Permanecen tardes completas en una intensa flojera. Consideran saludable perder de ese modo el tiempo, Emmanuel debió llegar primero a esa conclusión. 


9.03.2023

Lección diaria

Hay palabras que escupo y que trato de evadir para no salpicar. Si debo decirlas intento que salgan rápido y uso mi mano como escudo o sombrilla. Lo peor es que aún no las identifico del todo. Hasta ahora he procurado mantener una higiéne bucal más o menos fructífera. Fructífera palabra salivosa. Mi diagnóstico es el siguiente: la lengua conserva un color saludable, los dientes están opacos, como cortinas que nadie desliza, las encías notablemente manchadas y los labios azules. Allí se aloja el sonido del aire ya húmedo. Además practico algunos ejercicios de vocalización. Anoche fue una plegaria, hoy será una adivinanza. A veces, acostado boca arriba, abro la boca por dos minutos y extiendo lo que más puedo las comisuras, luego la cierro y vuelvo a abrirla por otros dos minutos pero esta vez con la lengua afuera. Parecerá rídiculo pero las palabras se acomodan, surgen distintas, livianas y casi secas; preparadas, como si salieran con su respectiva envoltura listas para ser repartidas. Es arduo intentar no escupir y ser fino. La condición de mi boca tiene algún desperfecto o el problema es anterior, en la laringe. Y debo andar por el mundo con las palabras almacenadas y deberé aprender a sacarlas. Así que me sentaré a tomar mi lección diaria. Conseguiré una mejor dicción y diré cosas claras y oportunas, sin interponer mi mano y parecer menos loco.