Limpio la casa, deshago telarañas y nidos, barro cucarachas y pelos. Ordeno toda la basura en una fila de bolsas por el pasillo. Aspiro el polvo de los muebles y enciendo un incienso en el centro del comedor. Por último, limpio el único espejo de pared que hay. El día se ha ido. Lavo mis manos con diferentes jabones, uso un poco de detergente, y para aliviarlas me unto crema. En la noche no puedo dormir, la luna brilla despidiendo un amarillento arco a su alrededor, la nubes degradadas lentamente se desprenden. Un gratificante silencio se sostiene sobre los tejados de carros y casas. Voy al baño y el sonido de mi orina interrumpe la quietud, pienso en ello y regreso a la habitación. Busco un libro, leo un fragmento que me sugiere un ritmo diagonal y lo dejo en el primer punto y aparte. Seducido por el ingenio de quien puso las palabras de esa forma cierro los ojos.
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