A media noche abrí los ojos. El silencio de la habitación era inusual. Me quedé mirando hacia la puerta esperando que algo sucediera. Ningún pensamiento se consolidaba. Mi cuerpo conservaba una especie de ilusión. Qué ternura me da pensar de ese modo. Imaginé mi ilusión como si tuviera la forma de un pescado, una mojarra, en mi vientre. Ah, qué imaginativo fui, en la oscuridad. Y me conformé con aquel pensamiento aunque estuve despierto casi hasta la madrugada.